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05/01/2014
Panorama político bonaerense

Un inicio en dos planos


(Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- Con un inicio de año que trajo la esperada confirmación de que los empleados públicos irán por aumentos que la provincia, en principio, no puede pagar, la agenda del oficialismo bonaerense aparece, luego de meses agitados, centrada por primera vez en la gestión, mientras que las novedades políticas ahora surgen de la oposición, donde la irrupción de una posible nueva alianza amenaza convertirse en la novedad del verano....


Aunque era esperado, el reclamo de un aumento salarial del 35 por ciento que los docentes adelantaron la semana que pasó, no deja de ser un dato central: el número deja en claro que los docentes –y tras de ellos seguramente el resto de los empleados públicos- tomaron nota del incremento que consiguieron los policías y están dispuestos a arrancar la negociación de este año con un piso elevadísimo.


En efecto, en una provincia con un rojo presupuestado de 14 mil millones de pesos para 2014 –sin contar la pauta salarial-, el nivel de incremento que pretenden sus empleados es inalcanzable. Por eso, la paritaria de este año podría derivar en un elevado nivel de conflictividad gremial en el primer semestre, lo que siempre tiene una traducción política negativa, sobre todo en un año en que Daniel Scioli encarará su posicionamiento final de cara a la candidatura presidencial.


Hay que tener en cuenta, además, que las cuentas nacionales no están, evidentemente, para ayudas financiera extraordinarias. Y eso suponiendo que la Casa Rosada quisiese, eventualmente, ayudar a Scioli, quien por su parte viene reeditando sus gestos de diferenciación, como se vio esta semana en su definición pública sobre la polémica que suscitaron las denuncias contra el jefe de la AFIP, Ricardo Etchegaray.


La ausencia de la Presidenta agrega incertidumbre a ese escenario: cualquier definición sobre la actitud de la Casa Rosada ante Scioli es válida sólo si viene de ella. Sin embargo, algunas señales existieron, aunque ninguna muy alentadora para el gobernador. Hay que anotar allí desde la resolución de las autoridades parlamentarias contra su voluntad hasta la prórroga de la deuda pero con una cláusula temporal que lo obliga a “blanquear” el estado de las cuentas provinciales.


Con todo, es una situación que alcanzará su pico después de las vacaciones, allá por fines de febrero y principios de marzo. Mientras tanto, la política del oficialismo bonaerense flotará en una suerte de vacío, tras un cierre de año en que los intendentes del PJ se quedaron con el partido y un histórico de perfil afín, José María Díaz Bancalari, retuvo el Congreso y, de paso, habló de una gran interna peronista para definir el candidato a presidente el año que viene.


Esa última definición, compatible con los planes del Gobernador, contrasta con la falta de certezas respecto de lo que podría ocurrir con el PJ nacional, al que algunos parecen entrever como la base de un posible avance de gobernadores peronistas para convertirse en el sostén principal del Gobierno en los últimos años de su gestión. Si esa suerte de rediviva “liga” llegara a nacer, sería una buena noticia para Scioli. Pero todavía es muy temprano para que se alegre.


MOVIDASEn la oposición, las novedades puramente políticas, por una vez, tienen más calado. Básicamente, por la reunión en la cual algunas de las primeras espadas del radicalismo, el FAP (con el Gen, los socialistas y, novedad, Libres del Sur), más la Coalición Cívica hablaron de trabajar para tratar de transformarse en un actor político unificado, al que podrían además subir a otros sectores, como el Proyecto Sur de Pino Solanas.


El impacto bonaerense de esa irrupción es evidente: es un intento de captar voto no peronista, el mismo por el que esta semana salió a competir con fuerte Sergio Massa, que habilitó la presentación pública de la rama “Radicales en el Frente”, comandada por los intendentes Mario Meoni y Gustavo Posse (Junín y San Isidro) y con el objetivo de sumar intendentes y dirigentes de de rango menor de la UCR a su fuerza.


De ahí los cruces de esta semana, que podrían prolongarse a tenor de la dura respuesta que eligieron dar los referentes del radicalismo bonaerense, al punto que corrió algo el eje de discusión de las últimas semanas, que había sido acaparado por la disputa entre Massa y Scioli. A eso contribuyó, además, la decisión del tigrense de abordar una agenda nacional, acorde con su lanzamiento del sábado pasado, donde dejó claro que competirá por la presidencia.


El otro sector implicado es el macrismo, que compite también por el electorado no peronista, sobre el que cifra sus chances la vicejefa de Gobierno María Eugenia Vidal, que a partir de la semana que viene intensificará las señales con las que busca dejar claro que finalmente es la elegida del Jefe de Gobierno porteño para encabezar el armado bonaerense, sin el cual su aventura nacional naufragará.


Aunque todavía falta que mucha agua corra bajo el puente, hay un motivo adicional para mirar a la nueva fuerza en construcción: esa alianza podría, dependiendo de cómo se resuelva la disputa al interior del peronismo, asegurar en principio una fragmentación en cuartos del electorado y por eso elevar la chance de que la elección se dirima en segunda vuelta, en la que el componente no peronista del voto podría tener un mayor rendimiento. (DIB)




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