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23/05/2013
Interés General

El oficialismo le ganó a la oposición una década de construcción política


El camino que hizo que el oficialismo creciera desde los 4.300.000 votos que obtuvo Néstor Kirchner en 2003, a los 11.800.000 votos de Cristina Fernández de Kirchner en 2011, no fue lineal, fue producto del modelo económico que se instrumentó en la última década con un aumento del empleo y la inclusión social.


Se trató de la reconstrucción de la figura presidencial con una legitimidad popular y con la formación desde el peronismo de las alianzas necesarias que permitieron su continuidad en el tiempo: más allá de que los acuerdos no fueron duraderos, después de cada elección el oficialismo logró conquistar el electorado que había ido a buscar.


Fue así que tras romper con Eduardo Duhalde en 2005, no sólo Cristina le ganó a su mujer, Hilda “Chiche”, por más de 25 puntos la candidatura a senadora del peronismo, sino que también el Frente para la Victoria salió triunfante en el pago chico de los Duhalde, en Lomas de Zamora.


“Cuando (al Gobierno) se le interponen escollos institucionales para que no gestione, eso no es libreto peronista, es un guión y dirección de Francis Ford Coppola, y el resultado no es un manual de conducción política, es la película El Padrino”, fue el mensaje directo que usó Cristina, una anécdota que llegó años después a oídos del propio director de la trilogía.


El barón del conurbano se encontró un día sin territorio, una cáscara vacía, que por entonces inició un proceso de renovación en las intendencias bonaerenses del peronismo, en los comicios de 2007 y 2011.


No obstante, la primera transversalidad , la que intentó el oficialismo con el santafecino Hermes Binner, el cordobés Luis Juez, el porteño Aníbal Ibarra y el moronense Martín Sabbatella, no le dio el mismo resultado.


Se rompió antes de empezar y, salvo en el territorio del actual presidente de la AFSCA, hoy son los tres únicos distritos gobernadores por opositores al proyecto nacional -Mauricio Macri, José Manuel de la Sota y Antonio Bonfatti-, pese a que Cristina sí ganó en todos ellos en las presidenciales de 2011.


En tanto, el proceso de acercamiento de los gobernadores radicales de Mendoza, Corrientes, Catamarca y Río Negro que culminó con la Concertación y con Julio Cobos, el único que por la constitución provincial no podía renovar su mandato, como compañero de fórmula de Fernández de Kirchner, en 2007, tuvo un correlato más parecido al de Duhalde.


Cuatro años más tarde, después de la traición de su compañero de fórmula en el conflicto con las patronales rurales, Cristina no solo se impuso por más de 30 puntos en los cuatro distritos acordados con el radicalismo, sino que la UCR perdió las administraciones de Catamarca, Río Negro y Mendoza, mientras que en Corrientes hace equilibrio para que el kirchnerista Carlos "Camau" Espínola no le arrebate la última provincia que gobierna.


Más allá de los acuerdos político-partidarios, que construyó con el peronismo como su columna vertebral, el oficialismo en esta década también se caracterizó por aliarse en forma directa con la sociedad, en lo que constituye una segunda lectura del mapa electoral argentino.


En las elecciones presidenciales, según el Atlas Electoral de Andy Tow, en 2011 la Presidenta sólo perdió en las localidad chubutense de Paso de los Indios -por menos de dos puntos con Alfonsín-, la bonaerense de Rivadavia y las santafecinas de Rosario, Caseros, Sastre, Rafaela y Esperanza -con Binner- y las puntanas de Buena Esperanza, Villa Mercedes, San Luis capital, Villa General Roca, Ayacucho, San Martín, La Toma, Chacabuco y Santa Rosa de Conlara -con Alberto Rodríguez Saá-.


Incluso, en el territorio de Alberto y Adolfo el oficialismo metió la cuña con el candidato a intendente de la capital, Enrique Ponce, que se constituyó en cabecera de playa y el actual gobernador, Claudio Poggi, ya tendió puentes con la Casa Rosada, tras casi 30 años de política de aislamiento de los Rodríguez Saá.


Del mismo modo que lo había hecho con las gobernaciones radicales tras la traición de Cobos en la votación por la resolución 125, el oficialismo le ganó a la Mesa de Enlace la franja agropecuaria más importante del país, con inesperados triunfos en Pergamino, Rojas, Tandil y Colón.


En Azul, por ejemplo, logró ubicar a un intendente, y en la Entre Ríos de Eduardo Buzzi y Alfredo de Ángeli, Sergio Urribarri logró la reelección por más de 35 puntos. Y el “bloque del campo” se desvaneció antes de nacer.


A partir del conflicto con las patronales agropecuarias y el traspié electoral de 2009, el oficialismo hizo el análisis de que los votos perdidos eran por no haber profundizado las políticas en contra de las corporaciones.


Y por lo tanto, a partir de entonces, fortaleció las alianzas que desde 2003 había tejido con los movimientos sociales y organizaciones de juventud, que contuvieron el aluvión de militancia que se acercó desde 2009. Unidos y Organizados es la expresión más cabal de esta mesa de organizaciones, consolidada con un masivo acto en Vélez.


La divisoria de aguas de las peleas contra las corporaciones también se vio reflejada en las alianzas hechas desde entonces, donde se privilegió la lealtad y la apuesta a la renovación mediante la formación de nuevos cuadros políticos.


Solo un amigo te puede traicionar, comprobó el Frente para la Victoria en estos diez años de gobierno. Los que dejaron el bloque al calor de esperanzas de liderar el poskirchnerismo, hoy caminan por el desierto sin la certeza de poder renovar su banca.


La culpable de su ruina es la sociedad, que ilusiona a los opositores con protestas que no llegan a las urnas y generales mediáticos que nunca se presentarán a elecciones.


En contraposición, el oficialismo lleva ganada una década de construcción política, formación de cuadros militantes y consolidación e institucionalización de políticas públicas.




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