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09/11/2011
Salud y ambiente

Ciudades que contaminan


contaminacion_091111 (53k image) El aumento del parque automotor, de las comunicaciones y otros tantos avances urbanos colaboran con un tipo de contaminación que, de tan explícita, en casos se torna invisible: la contaminación sonora y visual, que además de afectar la infraestructura de las ciudades intoxica a sus propios habitantes. La Plata, 09 noviembre (GEI) - En los últimos años, las campañas de concientización en resguardo de la ecología y el medio ambiente cobraron gran importancia en la escena nacional y mundial. Cada vez es más frecuente que grupos de personas se congreguen para impedir los basurales a cielo abierto, salvar alguna especie en extinción o evitar que las industrias perjudiquen las condiciones ambientales de las ciudades. Sin embargo, existe otro tipo de contaminación que, quizás por ser demasiado visible, no se advierte como tal y se ha naturalizado en los grandes centros urbanos de la región....




Bocinas que suenan a todo volumen, chirridos de frenadas, ruido de motores y de estampidas de gente cruzando las calles. Sumadas a las pancartas, posters y panfletos que empapelan la ciudad. Se trata de la contaminación visual y sonora, que como ya está inserta, no despierta la misma preocupación que aquella que se materializa en residuos tóxicos u olores desagradables pero que, no obstante, puede ser igual de peligrosa.


En el ámbito urbano no sólo contaminan los vehículos que emiten gases tóxicos o perturban el sistema nervioso con ruidos por encima de los decibeles permitidos, sino que también hay otro tipo de toxicidad que entra por los ojos agresivamente y que responde al boom de los mensajes publicitarios de todo tipo, que saturan los espacios públicos y producen lo que se conoce como "stress visual".


En la ciudad de la furia


"La contaminación sonora, acústica o auditiva hace referencia a oscilaciones o vibraciones del aire y otros elementos no deseados, no buscados y perjudiciales tanto para un grupo como para una sola persona", describe a Info Región Federico Miyara, ingeniero electrónico de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).


De este modo, se daña la infraestructura de las ciudades, pero sobre todo a las personas, con la particularidad de hacerlo de "modo invisible".
Entonces, al no estar "disponible a los ojos", tiene menos posibilidades de ser tratada como "un peligro".


"Es invisible y, a veces, incluso inaudible. No deja residuos a largo plazo, aunque sus efectos pueden prolongarse en el tiempo o volverse permanentes.
Es provocada por una onda que se propaga en algún medio y, finalmente, es susceptible de llegar al oído", detalla Miraya.


La contaminación sonora puede encontrarse en todo tipo de ambiente, ya sea cerrado o al aire libre. En este último, las ciudades tienen un alto grado de influencia ya que es allí donde se concentran gran parte de los elementos contaminantes en materia visual y auditiva.


"En la calle hay cada vez más ruido urbano, incluyendo el tránsito aéreo, terrestre y férreo. Todas esas fuentes móviles producen el ruido ambiente, que se puede incrementar con la propaganda callejera. Por eso el nivel de ruido suele ser mayor en las zonas cercanas a los grandes centros comerciales", apunta Silvia Cabezas, licenciada en Física y presidenta de "Oír mejor", una fundación que trabaja con personas hipoacúsicas.


Así, la "invasión auditiva" se vuelve permanente y se incorpora a la vida cotidiana de manera tal que, de pronto, deja de notarse y se transforma en un agregado más del paisaje. O porque uno se "acostumbra" o porque muchos optan por otras herramientas que también perjudican al oído, pero que son útiles para escapar y "aislarse del mundo", por ejemplo con auriculares/walkman.


Complicado y aturdido


La intensidad se mide en decibeles (dB) y en decibeles A (dBA). Mientras que los primeros son una medida física, los segundos contemplan algunas características de la audición. "En general los sonidos varían de 0 dBA, que representan el umbral auditivo o menor sonido audible, hasta 120 dBA, que es el sonido ensordecedor, el umbral del dolor", especificó Miraya.


Según indicó Cabezas, se estima que una conversación entre dos personas implica alrededor de 60 ó 65 decibeles. "Con eso, estamos aportando al ambiente ese nivel de ruido, y si a eso le agregamos un televisor prendido, música, el ruido del tráfico, ese valor puede superar los 80. Con eso ya tenemos una contaminación que afecta nuestra salud".


En estos tiempos, los avances tecnológicos, el crecimiento urbano y la proliferación de transportes son las principales fuentes de contaminación. Y si bien se podría pensar que esto concluye cuando "se escapa de la vía pública", no siempre es así ya que en muchos lugares de esparcimiento, como boliches, gimnasios o bares, el volumen que se escucha es aún mayor.


Así, los efectos de la constante exposición al ruido trascienden lo netamente auditivo y también aparejan consecuencias fisiológicas y psicológicas.


La primera hace referencia a la posibilidad de perder la audición con el correr de los años, lo que se denomina presbiacusia. En tanto, los daños orgánicos están vinculados con "el stress que genera el ruido y que puede incluso influir en el sistema cardiovascular, inmunológico y hasta digestivo". En cuanto al tercer aspecto, el exceso de fuentes sonoras "produce nerviosismo, dolor de cabeza, trastornos de conducta e insomnio".


Stress visual y distracción


En tiempos en los que la comunicación es instantánea y permanente, las herramientas para atraer la mirada de los ciudadanos, ya sea para que elijan alguno de los productos que se promocionan, adhieran a determinada línea política o miren algún programa de televisión, parecen tener pocos límites.


En las calles, en las esquinas, en los carteles que indican los nombres de las avenidas, las paradas de colectivos, edificios y donde sea que haya un espacio en blanco, las publicidades irrumpen en el paisaje. En las autopistas y al costado de cualquier camino, las imágenes y luces afloran.


En este punto, más allá del impacto visual y las alteraciones en la panorámica, que generan un caos que desemboca en una especie de "stress"
para la vista, otro de los aspectos preocupantes es la distracción que esto puede producir en automovilistas y peatones y su incidencia en los accidentes de tránsito. En muchos casos, la ubicación de los anuncios supera los límites de lo permitido y "compite" con la señalización vial o también puede llegar a confundir a quienes manejan.


"Muchas veces la publicidad está instalada en terrenos privados, entonces las autoridades no tienen injerencia para poder retirar una publicidad. Hay muchos casos de barrios y avenidas en los que hay una inundación absoluta de publicidad sobre el entorno vial y, prácticamente, sin ninguna restricción", sostuvo el subgerente de Seguridad Vial del Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI) Argentina, Gustavo Brambati.


De acuerdo a un estudio del CESVI, "la superpoblación de carteles publicitarios que hay en determinados puntos de la vía pública se traduce en un alto grado de distracción para los conductores por el efecto de dispersión en la atención que provocan y porque muchas veces interfieren con las señales de tránsito.


Así, como si no bastara con los dolores de cabeza que la civilización le ha traído a la naturaleza, como si no alcanzara con la contaminación del aire, del suelo, de los mares, de los ríos, los derrames de petróleo, los vertidos industriales, la fugas de gases tóxicos, entre otros, la ciudad también puede convertirse en el principal factor de contaminación, pero ya no sólo del medio ambiente sino también de sus propios habitantes.



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