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24/08/2011
Análisis

El Plan B del Establischment


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Por Jorge Déboli, editor periodístico, titular de Dypra.. (GEI) – Según el sociólogo Manuel Mora y Araujo, “el resultado de la votación del 14 de agosto cayó como mazazo sobe la moral de las fuerzas opositoras”, y que “Las expectativas de esas fuerzas acerca de una buena elección en octubre han quedado reducidas a una ínfima posibilidad”....


Si bien la conclusión a la que arriba Mora y Araujo sobre las consecuencias del reciente acto eleccionario es la que podría haber sacado cualquier argentino con un mínimo de sentido común, su definición cobra un valor agregado por ser el consultor preferido del establishment vernáculo, es decir, de la elite dominante que detenta el poder económico-mediático de la Argentina.


Después de escuchar a los campeones del gran derrape electoral, en el que concluyó el pasado domingo 14 de agosto la operación de prensa montada y dirigida por el CEO del monopolio mediático, e interpretada por supuestos periodistas independientes, que trabajan en sus supuestos independientes medios de comunicación, el establischment necesita rápidamente reacomodarse a la nueva situación y delinear una estrategia, que sólo periodistas y candidatos con alguna convicción de sus ideas, podrían llevarla adelante.


Esta condición resulta casi una misión imposible a la luz de los comentarios pos elección de los principales columnistas de las empresas periodísticas que conforman el oligopolio mediático y de las declaraciones públicas de los candidatos protagonistas del triste papel al que el pronunciamiento popular los redujo en esta primera edición de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO); no se advierte en ellos convicción alguna como para encarar el desafío, aunque sea el de arrimar al bochín el próximo 23 de octubre y así forzar un hipotético ballotage.


Sin embargo, el establischment argentino no se entregará así como así, e intentará insuflar una cuota de ánimo a las fuerzas opositoras que componen los medios hegemónicos y sus gerentes del arco político anti K, antes de sucumbir frente a un gobierno que por primera vez en 200 años, logra quebrar el ciclo de gobiernos constitucionales derrocados por dictaduras militares, o destituidos por poderes económicos y/o mediáticos.


Memoria


Vale la pena recordar lo que le ocurrió a Humberto Illía en 1968, luego de tres años consecutivos del aumento del PBI a un ritmo del 10 por ciento anual, fue estigmatizado por la prensa escrita de entonces con la recurrente caricatura de la tortuga, que generó las condiciones políticas para su derrocamiento por la dictadura que encabezó el General Juan Carlos Onganía.


Un poco más acá, la entrega anticipada del gobierno de Raúl Alfonsín en 1989, luego de la hiper desatada a partir de una tapa de Clarín con una frase de Guido Di Tella cuando promovió “un dólar recontra alto”, pero dicha seis meses antes (enero de 1989). El caso más reciente, en marzo de 2008, fue el intento destituyente a partir de un conflicto –el de la resolución 125-, armado virtualmente para sacar del gobierno a la actual presidenta, a sólo tres meses de haber asumido con el respaldo del 47 por ciento de los votos en impecable elección.


A todo o nada


“Ya no hay lugar para distraerse en campañas livianas, mensajes opacos y rencillas de entrecasa, ni cabe esperar ya que el destino haga su trabajo produciendo situaciones inesperadas adversas al Gobierno. Sólo queda una opción: una profundización de la estrategia para jugarse a todo o nada”, dispara Mora y Araujo en su columna del domingo 21 de agosto en Perfil.


En su análisis, el encuestador refuta a periodistas y candidatos que manejaban la hipótesis de que si Cristina “se mantenía en el orden del 40 por ciento de los votos”, la primera vuelta en octubre “era superable”, ya sea a través de una “megacoalición opositora”, o que alguno de los candidatos mejor situados terminaría “sustrayendo votos a otros candidatos”, como ocurrió con De Narváez en 2009 en la provincia de Buenos Aires.


Cristina la peor


Para Mora y Araujo, estas estrategias “quedaron anuladas con la votación del 14 de agosto”. También, dice el sociólogo más confiable para la derecha argentina que, “quedó refutada la idea de que para una amplia pluralidad de votantes el gobierno de la Presidenta es lo peor imaginable y que por lo tanto cualquier alternativa que se le ofrezca sería bienvenida”, es decir, ofertas con campañas sin contenido, ni programas superadores al kirchnerismo.


Luego de este análisis, Mora y Araujo lanza su propuesta “posible” aunque admite “improbable”, la de forzar una segunda vuelta para “sustraerle votos a la Presidenta”. Una estrategia semejante que “hasta ahora ni siquiera ha sido concebida”, dice, y además condicionada a que algún candidato encare “una campaña fuerte, audaz y muy creíble”.


El contrapoder


En los países emergentes o periféricos del poder central, los medios de comunicación hegemónicos que establecen la agenda de los temas por los cuales todos sus ciudadanos deben preocuparse, construyeron la creencia de que “el poder” son los gobiernos de turno, y por lo tanto, el axioma “indiscutido” que define el rol del periodismo, el de ejercer “el contrapoder”, así ellos, como tales, justifican sus permanentes ataques a aquellos que se atreven a tocar sus intereses en pos de una justicia social, que en los 200 años de historia, aún no se logró plenamente.


En rigor, el poder en nuestro país reside en los grupos económicos-mediáticos concentrados, cuya cabeza más visible, el CEO del monopolio mediático, acaba de ser derrotado en las urnas; a pesar que no competía en ninguna de las categorías elegibles del último domingo, su estrategia fue absolutamente desechada por una mayoría absoluta de más de 10 millones de argentinos.


Bajada de línea


Acabado el gran simulador de realidades virtuales, y quizás con la intención de ordenar la retirada y evitar así el desbande de los gerentes del establischment (los candidatos anti K, Rodríguez Saa, De Narváez, Duhalde, Alfonsín, Carrió), Mora y Araujo, aconseja, insólitamente, que la estrategia del mensaje central debería estar enfocado en “los problemas calientes en la agenda de la opinión pública a los que el actual Gobierno nacional no ha dado respuesta –la delincuencia, la educación, la inflación“; ni más ni menos que la agenda de temas que los medios construyeron previa a las PASO.


Pero el prestigioso columnista de Perfil, desconcierta cuando aclara que el mensaje debe garantizar que, “nada de lo que se proponga afectaría el sostenimiento del nivel de actividad económica y de las políticas sociales de este gobierno”, algo absolutamente contrapuesto al discurso opositor y con lo que supuestamente insta a la oposición a derrotar.


Incentivo


Tal vez con la intención de tocar el amor propio de los vapuleados candidatos, el sociólogo los acicatea aún más, cuando reconoce que “El mensaje de la ciudadanía el domingo pasado fue contundente: los opositores no convencieron, no interesaron, no despertaron nada parecido a nuevas ilusiones”, y sentencia casi lapidariamente, “no hay absolutamente ninguna posibilidad” que Cristina “baje su caudal al 40 por ciento si no hay una oferta, fuerte como un vendaval entusiasmante”, y finaliza, “si eso no sucede, si los candidatos opositores ahora tiran la toalla y se contentan con disputar bancas en el Congreso y siguen compitiendo entre ellos por ese objetivo, habrán demostrado que no estaban preparados para el desafío de una elección presidencial”.


Dicho con otras palabras, el Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, quizás les esté sugiriendo la idea ya lanzada por el último de los liberales sobrevivientes del menemismo, Federico Pinedo, cuando propuso que para el 23 de octubre se bajen dos de los tres candidatos opositores que quedan en carrera que posibiliten alguna chance al tercero (Hermes Binner?).
Le irá tan mal a su consultora como para agarrar este fierro caliente en medio del desconcierto opositor, o será sólo un aporte militante para intentar salvar el honor (y los intereses) de la elite dominante de la Argentina de los últimos 200 años.


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