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03/08/2011
Hepatitis

La salud de todos


salud_030811 (43k image) El pasado 28 de julio se conmemoró por primera vez, el día mundial de la lucha contra la hepatitis. Ésta, comprende una serie de enfermedades inflamatorias del hígado, muchas veces su accionar es silencioso. De allí, deviene la importancia de su diagnóstico y tratamiento. Aquí, un informe sobre las características de la enfermedad y las posibles acciones en consecuencia. (GEI) – Las hepatitis son enfermedades inflamatorias del hígado, generalmente producidas por los virus A, B o C, que pueden llegar a causar cirrosis, cáncer de hígado e incluso la muerte....


En Argentina casi 800 mil personas están infectadas con el virus de hepatitis B o C; la mayoría no lo sabe. Esto, conlleva a que la enfermedad evolucione y pueda provocar complicaciones graves. Se las considera las asesinas silenciosas, ya que en la mayoría de los casos no generan síntomas y pueden pasar desapercibidas por años. El desconocimiento no sólo agrava la situación de la persona sino que, también, ocasiona el contagio a terceros.


El pasado 28 de julio, día del nacimiento del Premio Nobel Samuel Baruch Blumberg -quien descubrió el virus de la hepatitis B en 1964-, se conmemoró por primera vez, el día mundial de la lucha contra esta enfermedad. A partir de esta visibilidad mundial, los especialistas indicaron la importancia de la prevención y la necesidad de realizar un test de diagnóstico para iniciar los tratamientos. Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se instó a las sociedades y países miembros a ocuparse de la hepatitis como una “prioridad”.


¿De que se trata?
El término hepatitis designa distintas enfermedades. La hepatitis A es la menos grave y más leve de las existentes, se contagia por vía orofecal, es decir por la ingesta de partículas fecales contaminadas. Éstas, se propagan debido al contacto con zonas poco higiénicas o por ingestión de alimentos contaminados. A diferencia de las demás, este tipo de hepatitis no puede devenir en una enfermedad crónica.


Por su parte, la hepatitis B se propaga por medio del contacto con sangre, semen, u otro líquido corporal de una persona infectada. Según datos de la oficina de Control y Prevención de Enfermedades Transmisibles de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), si se trata de la hepatitis B, “de 700.000 a un millón de personas en el mundo mueren cada año”, mientras que unos “dos mil millones de personas pueden estar infectadas”. Si una persona tiene una relación sexual sin preservativo con un portador de hepatitis B es probable que se contagie, ya que el semen posee una carga viral muy alta. Es 50 veces más contagioso que el VIH.


Además, ésta se contagia por tatuajes o piercing con agujas no esterilizadas. Antes, se transmitía mucho en prácticas odontológicas cuando los dentistas se limitaban a desinfectar sus instrumentos con alcohol, solución que es insuficiente para matar estos tipos de virus.


Respecto de la hepatitis C, los principales factores de riesgo han sido las transfusiones y trasplantes con sangre no chequeada. Se estima que nueve millones de personas en América latina tienen este virus. Las transfusiones efectuadas antes de 1992, cuando todavía no se chequeaba la sangre, diseminaron por el mundo la hepatitis C. En la Argentina, 170.000 personas tendrían el virus: como la evolución hasta la cirrosis lleva 30 o 40 años, se prevé que hacia 2020 se dará el pico de esta enfermedad.


En cuanto a la hepatitis D, sólo se presenta en personas ya infectadas con la hepatitis B: la combinación de ambas infecciones agrava el cuadro, y quien tiene la vacuna contra la hepatitis B queda protegido contra la D. Por último, la hepatitis E se transmite por el agua y alimentos e incrementa el riesgo en personas ya infectadas por la hepatitis A. Dado la incidencia de estas enfermedades, desde los organismos internacionales, estatales y privados, se busca profundizar la lucha contra la epidemia para que la gente conozca las vías de transmisión, los métodos de prevención, se realice la detección de los virus y haya acceso al tratamiento. Los especialistas advirtieron que se pueden evitar consecuencias mayores con un simple análisis de sangre que detecte la hepatitis a tiempo.


Detección y tratamiento
El test de diagnóstico consta de un análisis de sangre que examina los valores de las enzimas transaminasas, localizadas en el hígado. Según los expertos deberían realizarse en los chequeos de rutina, pero hasta que esto se logre, recomiendan que el paciente sea quien lo solicite. En el último año, aumentó un 40% la cantidad de testeos de hepatitis B y C en hospitales bonaerenses.


Mientras que para la hepatitis A existe una vacuna obligatoria incorporada al Calendario Nacional y para el virus B hay dosis de refuerzo en preadolescentes, también obligatoria, en el caso de la hepatitis C no existe inmunización, pero con tratamiento se cura en el 50% de los casos. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, los casos de hepatitis A cayeron desde 43.321 en 2004 a sólo 329 en 2010.


“La incorporación de las vacunas al calendario ha sido fundamental”, aseguró Fernando Bessone, médico hepatólogo, presidente de la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado. La vacuna contra la hepatitis B –que inmuniza de por vida– forma parte del calendario obligatorio para chicos y está disponible para adultos de grupos en riesgo o que la requieran. Las personas que convivan con un portador del virus de hepatitis B deben vacunarse, ya que cualquier cosa que se comparta y que haya tocado sangre puede transmitir la infección.


Según el médico infectólogo de la Dirección de Sida del Ministerio de Salud de la Nación Emiliano Bissio, quien trabaja en un programa de acceso para personas con hepatitis, los tratamientos para las hepatitis deben ser cubiertos por las obras sociales y “antes de fin de año serán gratuitos en los hospitales y centros de salud para quienes no cuentan con cobertura social”.

Desde el silencio
El hepatólogo Adrián Gadano, jefe de Hepatología del Hospital Italiano de Buenos Aires afirmó que las estadísticas internacionales “registran una prevalencia de entre el 1 y 2 por ciento de la población total sumando la hepatitis B y C”. Aunque remarcó que “lo más alarmante es que se calcula que menos de la mitad conoce su condición”. El médico expresó que esto “lleva a que la enfermedad evolucione en forma asintomática, pudiendo presentar complicaciones graves como cirrosis descompensada o cáncer de hígado” y aseguró que la hepatitis C “es la primera causa de trasplante hepático en Argentina y el mundo”.


La falta de detección de la enfermedad lleva a que muchas de las personas infectadas sigan transmitiendo el virus sin saberlo “lo que amplía enormemente el universo de nuevos casos, entre los que se encuentran desde sus parejas, niños recién nacidos, o nuevos infectados por diversas vías”, advirtió el especialista. Por ello, y a partir de su conmemoración mundial lo que se busca es hacer visible la enfermedad, sus complicaciones, pero a la vez las formas de detectarlo y los posibles procedimientos para ser llevados a cabo. La hepatitis puede conducir a la muerte, sin embargo su prevención y tratamiento, a la vida.


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