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28/07/2005
Provincia de Buenos Aires

“La policía y los funcionarios saben quien vende droga” dijo Claudio Mate


claudio-mate290705 (7k image)Que la droga está a la vuelta de la esquina es, quizás, uno de los comentarios que más preocupa a los padres cuyos hijos empiezan a transitar la adolescencia, con todo el deseo de exploración y transgresión que la misma implica.


Lamentablemente, las nuevas noticias no son alentadoras: un flamante relevamiento de la Subsecretaría de Atención a las Adicciones de la Provincia de Buenos Aires (SADA) acaba de confirmar la repetida sospecha:


casi el 40% de los estudiantes secundarios bonaerenses asegura que conseguir marihuana en el lugar donde viven es fácil o muy fácil. Y lo mismo ocurre con la cocaína, los psicofármacos y los inhalantes, para cerca de un tercio de los chicos.


Cifras alarmantes, que redoblan su potencia si suman las palabras de Claudio Mate, al frente de la SADA: «No nos llama la atención el resultado, porque no sólo los chicos saben dónde conseguir drogas. La policía y los funcionarios también lo saben. La mayoría de los vendedores están identificados y hasta tienen causas judiciales en su contra, pero no se toma la decisión de meterlos presos.


Si los juzgados federales están desbordados, que cambien la ley y le den el poder de hacer algo a los 600 fiscales que hay en la Provincia».


El informe de la SADA, es resultado de una encuesta realizada a 2.000 estudiantes secundarios de escuelas públicas y privadas del territorio bonaerense. Chicos de ambos sexos de entre 16 y 20 años que, amparados en el anonimato, accedieron a responder con absoluta libertad, generando datos que ponen los pelos de punta. Y no sólo en lo que hace al acceso a las drogas sino, también, en lo que refiere al consumo de alcohol.


Alcohol


Un ejemplo: consultados respecto a cómo calculaban la cantidad de bebida alcohólica al momento de organizar una reunión entre amigos, el 40% dijo que había que comprar una botella de vino o más por persona; el 34% habló de media botella de vodka o más per cápita; y el 70% aseguró que se necesitaban más de dos botellas de cerveza por invitado (no se asuste, hay algo peor: casi el 20% dijo que debían ser más de 4 litros por persona).


»Esto evidencia la tolerancia social que tiene el alcohol, un beneficio del cual no goza la marihuana, porque en una reunión —a esa edad y por lo general— el que se siente incómodo y se va a un rincón es el que prende un porro. Ahí se juega el status jurídico que tiene una droga: con lo que está prohibido la condena social funciona.


El alcohol, en cambio, está naturalizado. Los padres no se sorprenden si se levantan a la mañana tras una reunión y hay diez o veinte botellas de cerveza vacías», asegura Mate, psicólogo y especialista en adicciones.


Otro tema importante que aparece en el estudio está vinculado a la comunicación entre padres e hijos, que a la luz de estos nuevos datos sigue siendo, por lo menos, insuficiente: sólo 3 de cada 10 chicos dijeron que su fuente para obtener información sobre el uso de alcohol y drogas son los padres.


«En las casas se habla muy poco, no sólo de drogas y alcohol sino también de otros temas, como cuestiones del barrio. Hay falta de comunicación y mala calidad de diálogo: muchos padres creen que tienen diálogo con sus hijos porque hablan de igual a igual, o están contentos porque son compinches. Los chicos no necesitan eso: necesitan al adulto, necesitan límites y autoridad», subraya Mate.


Es llamativo que estas respuestas asomen en labios de chicos que son, en un 90% de los casos, menores de edad. Chicos cuya vulnerabilidad respecto a las presiones sociales de sus grupos de pertenencia es destacada por la mayoría de los especialistas y reconocida por ellos mismos: en la encuesta, la mitad de los estudiantes confesaron sentirse incómodos si no toman en una reunión donde circula el alcohol.


También siguen llamando la atención las estadísticas sobre el consumo: el 12% reconoció haber fumado marihuana en el último año, el 3% dijo haber aspirado cocaína y el 5% comentó haber usado psicofármacos.


Las cifras sobre el consumo de alcohol, claro, son siempre más alarmantes: más de la mitad aceptó que tomó cerveza entre una y tres veces por semana en los últimos doce meses.


La edad de inicio también sorprende: el 6% de los que fumaron marihuana dijo haberlo hecho por primera vez entre los 12 y 15 años, cifra que trepa al 66% si se le pregunta sobre su primer contacto con la cerveza.


Que la sospecha de la cercanía —o de la casi omnipresencia— de la droga tenga fundamento es preocupante. Pero más lo es que, a pesar de la difusión que tiene esta problemática, la mayoría de los chicos sostenga que, del tema, con los padres, poco y nada. De eso, aún hoy, no se habla.


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