28/06/2002

El misterio de los animales mutilados

“No creo en brujas peros que las hay las hay” Los animales muertos en campos de Labordeboy y Wheelwrigth llamó la atención de los pobladores. Los lugareños- entre otras cosas-n responsabilizan al denominado “chupacabras”. Realizamos una investigación para saber de que se trataba.

chupa2.jpg - 15506 Bytes No pocas veces se ha tratado de correlacionar las apariciones de ovnis con la muerte o desaparición misteriosa de animales en determinadas zonas. A partir de 1974 comenzaron a publicarse noticias sobre casos de animales muertos misteriosamente en diversos puntos de Estados Unidos como Kansas, Nebraska, Iowa, Dakota del Sur, Colorado, Oklahoma, Minnesota.
A muchas de las víctimas les faltaba algún órgano (oreja, lengua, nariz, rabo u órgano reproductivo) mutilado con aparente precisión. Además los animales muertos aparecían "completamente sin sangre, como si su cuerpo hubiese sido secado con una aguja".

  • Colón
  • En la zona de Colón, Hughes y Labordeboy se produjo a partir de marzo experiencias inexplicables.
    La secuencia de los sucesos según nuestros archivos fue “in crescendo”. En febrero y marzo decenas de colonenses avistaron ovnis. En una etapa posterior dos jóvenes y un matrimonio observaron seres diminutos color naranja naranja.
    Llama la atención que la controvertida leyenda del “chupacabras” los señala como del mismo tono. En la fase final de este proceso en nuestra región aparecieron animales muertos extrañamente mutilados.
    El 22 de marzo de 2002, publicamos la noticia que cuatro jóvenes colonenses que estaban en un campo cercano al paraje denominado “El Triángulo” habían avistado un ovni. En las semanas posteriores fueron decenas de colonenses que reportaron haber observados “Platos Voladores”. Los avistamientos masivos se produjeron en la zona de Sarasa y el sur de Santa Fe.
    El 2 de mayo de 2002, dimos cuenta en nuestra edición que un matrimonio y dos jóvenes habían observado extraños seres naranjas. El primer avistamientos se realizó en la zona del puente Santamarina. Los dos adolescentes estaban pescando y huyeron despavoridos ante la extraña aparición.
    Pocos días después se produjo el segundo avistamiento en el camino de tierra que baja hacia Merceditas desde Ruta Nacional 8.
    En esa ocasión un matrimonio observó a seres color naranja que se movían rápidamente alrededor de una gran luz cercana a un espejo de agua.
    La pasada semana ocurrió la última fase de esta secuencia, cuando aparecieron en campos santafesinos cercanos a nuestra jurisdidicción –ver edición anterior- vacunos extrañamente mutilados. En los campos de Justribo y la estancia “El recuerdo” se observaron vacunos muertos.
    Los testigos comprobaron que a las osamentas le faltaban los genitales y otras partes del cuerpo.
    La sucesión descripta nos llama la atención y más teniendo en cuenta los que pasó con los vacunos mutilados en el resto del país.

  • No es nuevo
  • En Puerto Rico, de febrero a julio de 1975, ocurrieron numerosas muertes de animales en circunstancias casi idénticas coincidiendo en la misma zona geográfica con docenas de casos ovnis y con otros fenómenos supuestamente afines.
    Justamente veinte años después de los sucesos del llamado "vampiro de moca", como se acuñó popularmente a la bestia y oportunamente reseñado en STENDEK por el ingeniero Sebastián Robiou Lamarche se ha repetido el fenómeno de las muertes misteriosas de animales.
    El nacimiento del chupacabras, al menos en su edición moderna, se remonta al mes de marzo de 1995, cuando los vecinos de los municipios de Orocovis y Morovis en el interior de Puerto Rico descubrieron que los animales de las granjas eran atacados de una forma sensiblemente diferente a la habitual en los animales salvajes o en el hombre.
    Conejos, pollos, cabras, etc. empezaron a ser encontrados totalmente desangrados, apareciendo los cadáveres con un simple y pequeño orificio, especialmente en la garganta. La plaga se extendió por la isla rápidamente.
    Las descripciones lo presentaron como una horrosa entidad semejante a un canguro con colmillos y con un abombamiento en sus en sus ojos rojos y sus bocetos corrieron por toda la ínsula.
    Y por gracia del ufólogo Jorge Martín, a través de INTERNET, la imagen se extendió al resto de la civilización.
    Pero en Puerto Rico se iban sumando cadáveres al guarismo del vampiro. Nuevos aterrorizados testigos hacían sus descripciones y los artistas daban forma a sus palabras: humanoides, depredadores de pata hendida y retorcidas gárgolas de catedral. El terror estaba sembrado en las zonas rurales.
    Las autoridades municipales organizaron unas doscientas partidas para capturarlo. Sectores políticos reclamaron una investigación oficial a un gobierno que ignoraba los dantescos hechos.
    Algunos científicos señalaron que los responsables debían ser monos, perros u otro animal exótico que habite libremente en el país. Las necropsias no establecieron un patrón único de muerte: traumas en el cuerpo, infecciones bacteriales, perdida de sangre.
    Durante las primeras semanas de 1996, los ataques del chupacabras comenzaron a menguar, pese a que las referencias de la prensa sobre su actividad no habían disminuido.
    El sábado 9 de marzo, un chico llamado Ovidio Méndez estaba enterrando una gallina muerta cuando observó un extraño ser de 1,20 de altura caminando a dos patas. Su cuerpo era gris obscuro, poseía ojos alargados rojos, largos colmillos y las manos en forma de garra. La policía no encontró nada.
    Diarios y revistas como The New York Times, Time International, The Washington Post, El Diario la Prensa (Nueva York) y Florida Today habían publicado artículos sobre los acontecimientos.
    Canóvanas y su alcalde, José "Cheno" Soto Rivera, organizador de las expedicionaes para capturar a la fiera, habían sido inmortalizados por las cámaras de televisión del continente.
    En los estados norteamericanos, la historia de este fabuloso canguro se ha mezclado con las del Diablo de Jersey, un personaje procedente de la mitología indígena y cuya presencia se denota en los últimos 260 años, contándose 2.000 supuestos testigos, siendo un clásico dentro de la zoología fantástica o criptozoología.

  • EL CHUPACABRAS LLEGA A MÉXICO
  • El 1 de mayo de 1996 un reportaje en el programa de noticias Primer Impacto de la televisión mexicana alertaba a la población sobre el creciente número de mutilaciones animales en las regiones de Jalisco, Sinaloa y Veracruz, especialmente esta última en las poblaciones de Las Trancas, Tlaliscoyan y Nachital, cuya economía gira en torno al ganado caprino.
    Sin embargo la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Veracruz no realizó ninguna investigación argumentando que se habían enterado a través de los medios de comunicación. La opinión de los expertos fue que se trataban de ataques de coyotes o murciélagos.
    Las primeras especulaciones hablaban de una nueva especie de murciélago gigante de metro y medio de tamaño y un peso de unos 9 kg que podría haber inmigrado procedente de Sudamérica, algo así como los enjambres de abejas asesinas africanas.
    José Burria, del Departamento de Agricultura Federal, atribuyó por su parte las muertes a algún coyote o felino, posiblemente exacerbado por la sequía en el norte del país.
    Claro que no supo indicar por qué no habían ocurrido nunca antes en situaciónes semejantes.
    Mientras, las historias corrían gracias a una prensa siempre ansiosa de aumentar sus dividendos, destacando en esta labor los periódicos Sol de Sinaloa y Sol de Occidente.
    El miedo se iba extendiendo y las economías locales percibían los efectos de la poca predisposición a salir de sus hogares, sobre todo de noche, por parte de lugareños de las pequeñas poblaciones del norte de México.
    Ellos argumentaban que un humanoide mujer-lobo aullaba y gemía en la obscuridad. Este hecho tiene, según se dice, un precedente en la inusual ola de mutilaciones animales que asoló la República Dominicana en 1978.
    Las noticias de que seres humanos habían sido atacados por el chupa-cabras encendió mucho más los ánimos.

    (continuará)




    Volver a Semanario Colon Doce